Cuerpo de ángel
Paperback
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ISBN13: 9798315893356
Publisher: Independently Published
Published: Mar 28 2025
Pages: 66
Weight: 0.22
Height: 0.14 Width: 6.00 Depth: 9.00
Language: Spanish
Publisher: Independently Published
Published: Mar 28 2025
Pages: 66
Weight: 0.22
Height: 0.14 Width: 6.00 Depth: 9.00
Language: Spanish
Un ángel puede ser un espejismo o la inquietante voz que ruge en nuestra conciencia. Entiéndase la conciencia como el mejor libro moral que tenemos según la visión pascalina cuando esta, espiga o se sedimenta en la búsqueda de la verdad. Esa quizás es la misión de un ángel: signarnos de una luz o de una vertiente de reflejos no solo para orientarnos, alumbrarnos, acompañarnos y, en último caso salvarnos como puede salvarnos la poesÃa en su forma tangible o corpórea. Forma de ángel. EnergÃa astral, aliento etéreo, convertido en palabras que buscan proyectar una realidad que ocurre, se mueve o se agita dentro la conciencia sin normas ni vacilaciones.
Cuerpo de ángel de la autora cubana Beatriz Torrente Garcés es sustancia o garantÃa de esas conexiones. La palabra es cauce y no nube donde, el ángel que se convoca bebe, no como Narciso cuando bebe o se arroja al abismo, si no cuando sobre el agua del rÃo nos observamos y este reflejo singular nos advierte el peligro de la belleza. El peligro de la caÃda y el embate de la pérdida primigenia. Cuál serÃan estas aguas, si no esas lluvias que hemos dejado atrás? El agua unigénita de la patria. El agua de Heráclito o esos torrentes perdidos de los dÃas. El agua viva del hogar. El rocÃo insular que nos persigue como ese querube que propende a ser guÃa y a sostenernos.
Visto asÃ, cabe rendirnos o anquilosarnos en una búsqueda que tiene como fin ya no la verdad en su sentido cabal si no la de equilibrarnos. Aliviarnos, no desde la renuncia, si no desde la resistencia y salvación. Y no es que la poesÃa salve. La poesÃa es simplemente el espejo o ese rÃo de Heráclito donde se desnuda la bestia celestial.
Desnúdate bestia celestial,
come/ caza/ reza tus cantos/
laméntate y escapa de los marginados.
Ya te viste en el espejo de las aguas.
Tenemos aquà una presencia, un horizonte manifiesto, una abertura y una espada cruzada en el edén. El hombre y su expulsión. El primer accidente ontológico. El primer desaire. El primer y último empujón. Asà ha de andar el hombre. Asà ha de vivir, sudar, morir y caer.
Veamos la mancha oscura en la manzana. Escuchemos el grito. Vayamos a enfrentarnos con la única luz que puede regirnos en el laberinto de las causas que, entendemos justas para no perdernos porque, al menos ahà encontramos salidas. Vayamos a preponderar el amor para hacer o buscar nidos frente a la cara amenazante de la noche o la cara grotesca de los tiranos.
El plan de Beatriz es conducirnos a un periplo cuasi seguro. Es donarnos un eje, es propiciarnos un recodo o un mapa que nos lleve hacia el futuro porque, la poesÃa estrena otros caminos, abre paso o enarbola sucesos venideros o paradigmas a resaltar. Se ha oficiado sobre lo humano a contrapeso de toda acción devastadora como pueden ser los desplazamientos o el desarraigo. El colofón ha sido luchar contra todos los designios. Participar en el coro y manifestar su voz con un leguaje diáfano, cabal, de suma transparencia evitando toda trampa posible.
En este estado de salutaciones, ha dividido el libro en dos partes: Marcas indelebles y Conciertos para dos, como sÃmbolo de la unidad infinita y en dicha unidad hay una experiencia inaudita que tiende a la autocontemplación de los sentidos, a la placidez y a la armonÃa entre lo real y los significados. En cada uno de estos segmentos, persiste un mismo afán. Cada parte confiere una duplicación de los sentidos, se asoma el ser que canta en silencio o ama desde otra orilla. Se activa y contempla con tristeza las ruinas del pasado, ofreciendo en ambos planos una semiótica de la pasión. /Mostrando su cuerpo sin temor a que lo callen/
Cuerpo de ángel, cuerpo de Afrodita o cuerpo de orillas que interpelan no es un manifiesto de una bruta realidad que se ha dejado atrás por condiciones sociales muy especÃficas, sino un reflejo claro de esas realidades.
Estos versos intentan r
Visto asÃ, cabe rendirnos o anquilosarnos en una búsqueda que tiene como fin ya no la verdad en su sentido cabal si no la de equilibrarnos. Aliviarnos, no desde la renuncia, si no desde la resistencia y salvación. Y no es que la poesÃa salve. La poesÃa es simplemente el espejo o ese rÃo de Heráclito donde se desnuda la bestia celestial.
Desnúdate bestia celestial,
come/ caza/ reza tus cantos/
laméntate y escapa de los marginados.
Ya te viste en el espejo de las aguas.
Tenemos aquà una presencia, un horizonte manifiesto, una abertura y una espada cruzada en el edén. El hombre y su expulsión. El primer accidente ontológico. El primer desaire. El primer y último empujón. Asà ha de andar el hombre. Asà ha de vivir, sudar, morir y caer.
Veamos la mancha oscura en la manzana. Escuchemos el grito. Vayamos a enfrentarnos con la única luz que puede regirnos en el laberinto de las causas que, entendemos justas para no perdernos porque, al menos ahà encontramos salidas. Vayamos a preponderar el amor para hacer o buscar nidos frente a la cara amenazante de la noche o la cara grotesca de los tiranos.
El plan de Beatriz es conducirnos a un periplo cuasi seguro. Es donarnos un eje, es propiciarnos un recodo o un mapa que nos lleve hacia el futuro porque, la poesÃa estrena otros caminos, abre paso o enarbola sucesos venideros o paradigmas a resaltar. Se ha oficiado sobre lo humano a contrapeso de toda acción devastadora como pueden ser los desplazamientos o el desarraigo. El colofón ha sido luchar contra todos los designios. Participar en el coro y manifestar su voz con un leguaje diáfano, cabal, de suma transparencia evitando toda trampa posible.
En este estado de salutaciones, ha dividido el libro en dos partes: Marcas indelebles y Conciertos para dos, como sÃmbolo de la unidad infinita y en dicha unidad hay una experiencia inaudita que tiende a la autocontemplación de los sentidos, a la placidez y a la armonÃa entre lo real y los significados. En cada uno de estos segmentos, persiste un mismo afán. Cada parte confiere una duplicación de los sentidos, se asoma el ser que canta en silencio o ama desde otra orilla. Se activa y contempla con tristeza las ruinas del pasado, ofreciendo en ambos planos una semiótica de la pasión. /Mostrando su cuerpo sin temor a que lo callen/
Cuerpo de ángel, cuerpo de Afrodita o cuerpo de orillas que interpelan no es un manifiesto de una bruta realidad que se ha dejado atrás por condiciones sociales muy especÃficas, sino un reflejo claro de esas realidades.
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